lunes 4 de abril de 2011

La adolescencia y sus riesgos


Hace unos días, nuestra residente Vanessa Ayala, publicaba una entrada, a propósito de una sesión clínica sobre la atención al adolescente donde manifestaba que “Físicamente el adolescente puede ser considerado un individuo sano, que enfermará en escasas ocasiones”, una líneas más abajo podemos leer “… debido al sentimiento de invulnerabilidad y omnipotencia del adolescente, hay que tener presente que esto le puede llevar a mantener conductas de riesgo (tabaco, alcohol, drogas, etc).” Esta hipótesis parece haberse hecho realidad, ya que por primera vez mueren más adolescentes que niños en el mundo. Me ha llamado la atención el estudio, publicado en The Lancet, donde se analizan datos de mortalidad en las últimas cinco décadas en 50 países de altos, medianos y bajos ingresos. El estudio, encuentra que, aunque en general las tasas de mortalidad se han reducido, las cifras de muertes prematuras ahora son más altas en individuos de entre 15 y 24 años. Las causas, son principalmente la violencia, el suicidio y los accidentes de tráfico.

Cuando un adolescente llega por primera vez a mi consulta procedente de la consulta de Pediatría, tengo por costumbre programar una visita con él, a la que titulo “Bienvenida al mundo de los adultos”, sé que en esta consulta debería seguir las normas técnicas mínimas de la cartera de servicio procediendo al pesaje, altura, toma de tensión, inspección de la visión, exploración bucal…, pero sinceramente las paso por alto. En esta consulta, que suele durar unos 20 minutos hablamos de sexualidad en la adolescencia (“el despertar”), tabaco, alcohol y otras drogas (“lo prohibido”) y accidentes de tráfico (“el placer del riesgo”). Sé que es poco tiempo para temas tan amplios, pero no es una conferencia magistral, son solo pinceladas y una manera de abrirles la puerta de mi consulta por si me necesitan. Para mí, sinceramente, es una de las consultas más gratificantes que hago, y a la vista de lo publicado considero que no he de cambiar mi práctica clínica, tiempo tendré para pesarle, tallarle….

5 comentarios:

Pepe Martinez dijo...

Probablemente, Manolo, nunca hemos comentado este tema, pero es curioso cómo se puede llegar a practicar las mismas acciones a partir de la experiencia y el sentido común.
Fíjate, aunque no lo hayas mencionado, seguro que también le explicas, sobre todo si están delante sus padres, que tú eres su médico y lo que te cuente queda entre los dos, sin que sus padres tengan por qué enterarse si él no quiere.
¿Te has fijado, cuando dices esto, la sonrisa de satisfacción que suelen poner los padres?

Manuel dijo...

Es curioso Pepe, la cantidad de reflexiones que últimamente se comparten en la biblioteca, una nueva linea de entradas podria ser "asi lo hacemos en nuestro centro" donde compartamos esas maneras de hacer. Se te echa de menos, pero espero poder aprovecharme de tus nuevos conociminetos en cirugia dermatologica. Un saludo

Pepe Martinez dijo...

Todavía es pronto pero..., ya te contaré, ya te contaré

agmasid dijo...

Soy enfermera y tengo un hijo adolescente. También hago este tipo de consultas. Muchas veces me siento impotente, solo puedo aconsejar y escuchar, pero no se cambiar conductas de riesgo y ellos son una bomba de relojería.
Además, lo cuentan todo...

pepe marcos dijo...

La verdad Manolo, si me permites la indiscreción, realizas una consulta bajo mi punto de vista profesional y crítico ( que no de amigo), excelente. Eres capaz en, como bien dices, poco tiempo (aunque veinte minutos es casi un "lujo" en nuestras consultas), de transmitir al adolescente que "estás a su nivel" y que eres "su médico". Sabes, yo, sinceramente, en la primera visita "al cambio de pediatría" abordo el problema agudo por el que viene el adolescente, intento "silenciar" a la madre (que suele ser la acompañante habitual)y, eso sí, le animo a que venga a la consulta cuando lo necesite sin la compañía de sus progenitores. Como bien dice Pepe Martínez, este comentario suele ser bien aceptado y acompañado con una sonrisa de satisfacción e incluso complicidad. En fin Manuel, reitero mi loa, y públicamente quiero expresar mi agradecimiento por haberme dejado compartir unas cuantas mañanas tu consulta, tus pacientes y tu saber y buen estar. Un abrazo.

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